viernes, 30 de julio de 2010

LAS TRES TORONJAS DE ORO

(Cuento)

Había una vez, un joven que quería ir a recorrer el mundo. Después de pensarlo por varios días, tomó la determinación de ir a probar suerte. A ver que le deparaba la vida. Así se lo comunicó a su padre, luego realizó todos los preparativos para un viaje largo, y al llegar el día que había definido para salir fue a despedirse de su familia. Toda la familia estaba triste por la desición del muchacho, pero eso no lo hizo cambiar de parecer.

El joven se fue a andar el mundo. Caminó y caminó… y de pronto vio un árbol de toronjas, -hermosas las toronjas-. Véeee, -dijo el muchacho- un árbol con tres toronjas, y que hermosas son. Me subiré al árbol y las cortaré. Dicho y hecho. El joven se subió al árbol y cortó las tres toronjas, las colocó en su cebadera y continuó su camino. Después de mucho caminar sintió hambre y sed, el sol estaba muy fuerte y el calor lo desesperaba. Entonces se recordó que llevaba las toronjas y pensó, “me voy a comer una toronja”, la sacó de la matata y la abrió. En el momento de abrirla, la toronja le habló y le dijo: “agua” y se le esfumó entre las manos. El joven se quedó muy sorprendido por esto que había pasado, pero, continuó caminando.

Después de un tiempo, volvió a sentir sed, y una vez más pensó, voy a comerme una toronja de las dos que me quedan. Metió la mano en la cebadera, sacó la toronja y la abrió, en el momento la toronja le pidió “agua”, le dijo. El joven no sabía que hacer, no entendía lo que estaba pasando. Pero… siguió su camino. Después de caminar otro buen tiempo, llegó a un pequeño río y entonces pensó, aquí voy a abrir la otra toronja. No pensándolo dos veces, sacó la toronja de su matata y se dispuso a abrirla, cuando la toronja nuevamente le dijo “agua”, entonces el joven impulsivamente la arrojo al agua, inmediatamente de la toronja surgió una preciosa doncella que se puso de pié delante del joven.

El muchacho estaba paralizado, no podía creer lo que veía. Luego de unos minutos se repuso de la tremenda sorpresa y continuaron juntos el viaje. Andando en el camino, encontraron un lugar bonito que les gustó para quedarse a vivir, por lo menos por un tiempo. El joven preparó una choza, con dificultades consiguieron lo necesario y vivían allí muy tranquilos, pero cerca de allí vivía una mujer negra que de vez en cuando llegaba a visitarlos.

En una ocasión, que el joven se había ido a trabajar, llegó la joven negra a la casa y le dijo a la doncella que si le peinaba el cabello, ella no quería al inicio, pero después de mucha insistencia aceptó. La mujer (negra), empezó a peinarla y a sobarle la cabeza, de pronto, sacó un pequeño alfiler y se lo incrustó en la coronilla de la cabeza. En el instante la niña quedó convertida en una palomita. Ahora, Como era paloma tuvo que volar e irse. En su lugar quedó la mujer negra.

Por la tarde, cuando el jóven llegó y no encontro a su doncella se puso muy triste, de ver que solo estaba la negra. Pasaron los días y el joven cada vez estaba más triste. Por las tardes salía al patio para pasearse y para recostarse en su amaca. De repente puso atención que en un árbol de tamarindo que estaba frente de la casa, llegaba una palomita que insistentemente cantaba. El joven puso atención y esto se repetía todos los día a la misma hora, la palomita llegaba se posaba en la ramita del árbol y empezaba a cantar …”que hace el prince con la mora… Qué hace el prince con la mora”… Esto lo repetía la palomita muchas veces todos los días, hasta que en una ocasión le responde el joven y le dice: “veces canta y veces llora”. Al oir esto la animalita volaba y desaparecía.

Un día de tantos, al joven se le ocurrió la idea de atrapar la paloma. Preparó una atarraya y cubrió la copa del árbol, dejando abierto el lado por donde ella llegaba. El se sentó a esperar escondido en medio de unas ramas. Al poco tiempo llegó la palomita y no vio la trampa que había en el árbol, y empezó a cantar. El jóven entonces tiró de la pita de la atarraya y cerró el agujero que a propósito había dejado. La palomita al sentirse atrapada intentó escapar pero no pudo. El joven subió al árbol y la atrapó, se la llevó para la casa y acostado en su amaca, empezó a acariciarle la cabecita, de pronto cuando la acariciaba, sintió que algo había en su cabecita, la revisó y luego vió que algo le brillaba, era la cebecita del alfiler que antes le habían incrustado.

El joven con mucho cuidado se lo sacó y en el momento ella recuperó su forma humana, como la doncella que antes era. Al instante el joven la reconoció, estaba muy felíz de tenerla de nuevo. La doncella le contó lo sucedido y cómo ella había tenido que irse porque la negra la había convertido en paloma para quedarse con él. El joven muy indignado, sacó de su casa a la mujer que tanto daño les había hecho, y se quedó con su linda doncella.

De allí en adelante fueron muy felices y a la negra la amarraron a la cola de un caballo y le abrieron la puerta para que se fuera lejos y volverla a ver. Y de allí me vine yo.

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